Bübior
La chica de chocolate
Bubior era una chica de chocolate. Todo su cuerpo era de chocolate blando y marrón. Tenía un corazón de biscocho esponjoso que latía dulcemente dejando fluir chocolate liquido a lo largo de sus flácidas venas de gelatina. En sus orejitas de chocolate, llevaba un par de ciruelas en cada lado, que le servían de pendientes. Y se cubría con un envoltorio de plástico dorado que usaba como ropa de farra.
El marido de la señorita Bubior, era un cacho de pan. Un cacho de pan un pelín atontado la verdad. Pero era muy bueno y amaba a su mujer de chocolate más que cualquier cosa en el mundo.
La chica de chocolate y el cacho de pan, tuvieron un hijo, que lo llamaron chococrispis.
Bubior era quien cuidaba del peque, mientras el cacho de pan salía a trabajar al parque a vender castañas.
El cacho pan trabajaba mucho pero no ganaba lo suficiente para comprar los regalos de estas navidades. Esta familia tan peculiar, era humilde, pero no les faltaba la magia y la ilusión de la navidad. Si las ganancias del cacho de pan no les daba para llegar a fin de mes, daba lo mismo, siempre se las ingeniaban para pasar el tiempo juntos y ser felices.
Pero sin el afecto de los padres e hijo y el amor dentro del hogar... esta familia no hubiera conseguido estar unida y no hubieran sido jamás felices.
Una noche, empezó a soplar el viento fuertísimo, pero el cacho de pan siguió en su puesto porque sabía que hacía falta vender tantas castañas fueran posibles para que él y su familia pudieran vivir mejor. Por lo tanto no le quedaba más remedio que quedarse en su puesto vendiendo castañas. Pero el viento soplaba cada vez más y más fuerte... hasta que de una volada de viento huracanado arrasó su carrito y se llevó todas las castañas volando.
El cacho de pan volvió al hogar y les contó la tragedia a sus familiares. La señora Bubior y el hijo chococrispis se echaron a llorar de la pena por el padre cacho de pan que se había quedado sin trabajo.
La señora Bubior pasó toda la noche pensando mientras el marido cacho de pan dormía. Preocupada por cual iba a ser su por venir de ahora en adelante, si cacho de pan no conseguía un trabajo. Entonces se le ocurrió una idea a la chica de chocolate. Si cacho pan no conseguía trabajo no importaba, Bubior trabajaría por su parte. ¡Genial! Pero claro, que trabajo iba a encontrar...
La chica chocolate contacto con el señor de naranja, él le iba a ayudar a encontrar el trabajo, o más bien iba a darle una gran cantidad de dinero a cambio de un trato.
La mujer de chocolate estaba ansiosa por dar la sorpresa a su marido cuando volviera a casa con una suma importante de dinero que tantos problemas les iban a arreglar.
Pero la inocente señora Bubior no era culpable de su buena intención, al no saber aún cual iba a ser el trato con el señor de naranja.
El Señor de Naranja fue directo al grano, solamente le pidió que le dejará dar un beso. La señora de chocolate accedió pero el Señor de Naranja la mordió en el cuello mal intencionadamente, y la chica de chocolate se asustó. Cayó en la cuenta de que ya daba igual cuanto dinero trajera a las manos de su marido el señor cacho de pan, porque en cuanto él le viera aquel mordisco en el cuello, aquello arruinaría la felicidad de su familia. Y el malvado Señor de Naranja se mofó delante de ella restregándole toda la cantidad de billetes verdes que le había prometido a Bubior.
Cuando la Señora Bubior llegó a su casa, el marido le abrió la puerta, y le preguntó – Qué te pasa Bubior? – Nada, a mi no me pasa nada. Pero lo siento de veras, lo siento mucho por lo que hice hoy en la casa del señor de naranja – El marido cacho de pan sospechó más de lo debido, pero vio el mordisco que la chica de chocolate llevaba en el cuello, y definitivamente, decidió marcharse de casa con el hijo.
La señora Bubior, se echó en la cama a llorar de un llanto.
Pero más tarde, un poco más descansada, salió a la calle a buscar a su marido cacho de pan y al chococrispis el hijo.
Divulgando por las calles de la ciudad multicolor, anduvo perdida sin encontrarles. Llegó a buscar por callejones que jamás había visitado, y cruzando por una calle estrecha de pronto se encontró con el monstruo de las galletas. Y el monstruo de las galletas le dijo ... – Vaya una chica de chocolate, me parece que a mis galletas les hace falta unos cuantos tropezones de chocolate. – La señora Bubior no lo comprendía – Oye usted, estoy buscando a mi marido cacho de pan y a mi queridísimo hijo chococrispis. ¿Sabría usted decirme si ha visto a un cacho de pan y un chococrispis pasar por aquí? – No, no he visto ningún cacho de pan ni ningún chocotripis pasar por esta calle. Pero al hablar contigo me ha entrado el hambre – De repente el monstruo de las galletas arremetió contra la Señora Bubior y se hizo unos chips ¡Ahoy! Con las piernas y brazos de la chica de chocolate.
Momentos precisos a que el monstruo de las galletas se alejara del callejón sin salida, llegaron corriendo su marido el cacho de pan y chococrispis el hijo. Rapidamente la llevaron a un hospital, y su marido el cacho de pan se quedó con ella a hacerle compañía durante toda la noche. Mientras que el chococrispis estaba jugando en una guardería llena de leche y cereales hasta que se quedó dormido encima de una cucharilla.
Al día siguiente la señora Bubior despertó y preguntó por dónde estaba. El marido la calmó y le dijo que se esté tranquila que ya pasó todo. Pero la Señora Bubior empezó a recordarlo todo y se lo contó todo al marido de pe a pa. Siguió la conversación y el marido cacho de pan le preguntó – ¿Sabes para que quería el monstruo de las galletas tus brazos y piernas? – Sí, para hacer Chips Ahoy´s – ¿Qué son los Chips Ahoy´s? – Son unas galletas de chocolate –.
Entonces creo que al cacho de pan se le ocurrió una idea. – Ya sé, ¿Porqué no juntamos tu chocolate con mis barras de pan y hacemos unos bocatas? – Qué buena idea has tenido –.
En cuanto le crecieron unos nuevos brazos y piernas a la Señora Bubior, se pusieron manos a la obra y empezaron a atiborrarse de bocatas con chocolate como de nocilla o algo por el estilo.
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